Innopolítica

Por: Angie S. Guerra Solís

Con los avances tecnológicos, ha sido posible que las redes sociales y la internet extiendan el acceso a la información a miles de personas en el mundo de forma más ágil, contrario a como se establecía la comunicación en el pasado, la cual dependía de puntos de acceso fijos, limitados por capacidad y altos costos de conexión. La movilidad de los ciudadanos también ha generado un incremento acelerado en el uso de la tecnología, aplicando el principio de la ubicuidad y facilitando el acceso a una comunicación más oportuna. Es por ello que las redes de internet se han convertido, en esencia, en la principal herramienta de comunicación con mayor relevancia para transmitir y difundir noticias entre los ciudadanos, pues con estas se logra obtener diversos tipos de información.

Sin embargo, esto puede convertirse en un “arma de doble filo”, pues es la ciudadanía la principal generadora de contenido en redes, quien se encarga de crear imágenes, texto, vídeos, siendo la responsable de su difusión masiva y de las consecuencias que acarrea ante su receptor. Un gran porcentaje de la población emisora lo hace sin tener criterio y cuidado del contenido que emite. Esta información está disponible para una gran cantidad de espectadores y, muchas veces, el usuario no tiene límite de su acción y puede generar contenido inapropiado o fake news atentando contra la dignidad de una persona o alterando los sucesos de algún hecho en particular, pues al tratarse de información vulnerable su grado de afectación podría ser de mayor alcance.

Al habernos contextualizado un poco sobre el avance de las tecnologías de la información y entender que estamos expuestos a mucha información que no siempre es verídica y terminamos replicando, Guy Durandin (1983), en su libro La mentira en la propaganda política y en la publicidad, ofrece un análisis sobre el uso del engaño en asuntos de interés público en general, pues afirma que la mentira consiste en dar a nuestros interlocutores una visión de la realidad diferente de la que se tiene por cierta y verdadera. Es decir, elementos manipulables en los medios de comunicación en función de intereses de poder.

Por tal motivo, es pertinente analizar el concepto de fake news, que en esencia son aquellas “noticias que presentan y difunden información de manera deliberada, falsa, incompleta y errónea con el fin de engañar y manipular a las élites o a los públicos masivos para lograr determinados objetivos” (Shultz y Godson, 1984, p. 210).

¿Cómo saber si la información que recibimos a diario está siendo manipulada, y si, en efecto, nosotros mismos estamos siendo responsables de difundirla y manipular a otros a la vez? Analicemos recientes sucesos colombianos relacionadas con las protestas sociales, en donde la manipulación de la información ha sido la principal estrategia mediática para generar caos e infundir miedo colectivo, generar polarización y deslegitimar la protesta social.

Por ejemplo, el 21 noviembre del 2019 (21N) se convocó  a un paro nacional por parte de sindicatos, movimientos sociales, organizaciones estudiantiles, grupos de campesinos, de mujeres, de indígenas, afrodescendientes y opositores del gobierno, cuyo descontento se sustentó a partir de algunas iniciativas como la propuesta de reducir el salario para los jóvenes hasta ubicarlo en 75% del mínimo y supuestos planes para eliminar la parte pública del sistema de pensiones colombiano, entre otros reclamos. La movilización inició con una serie de movilizaciones pacíficas que contó con la participación de diversos sectores sociales y que logró, en efecto, un nivel alto de representatividad. Sin embargo, lo que debió quedarse como ‘’protesta’’ resultó en una alteración del orden público, desintegrando así, el concepto de protesta en el país.

Hay un problema latente alrededor de lo que los colombianos entendemos por protesta, hay un gran desacuerdo y cuando entre ciudadanos no comprendemos verdaderamente la realidad y lo que entraña cada movilización, terminamos siendo partícipes de entornos criminalizantes, deslegitimando la movilización social en detrimento de la participación ciudadana. Podemos considerar entonces el 21N como el detonador de las protestas sociales en Colombia, pues no sólo permitió la convergencia de diversos actores sociales e intereses, sino que también, dio paso a una exposición mediática de los hechos a través de las redes sociales, introduciéndose a otros espacios de conversación e impulsando los colectivos sociales e impactando profundamente en la agenda política y gubernamental del país.

Como respuesta al interrogante ya planteado, estamos siendo manipulados por la desinformación, ya que, en primer lugar, estamos en un escenario en donde la información resulta sumamente costosa y hay un alto nivel de incertidumbre. En segundo lugar, dentro de ese escenario pareciera que para los individuos no hay intención de cuestionar o tomar una postura crítica frente a cada noticia que se genera, hecho que construye un sesgo y condiciona todas las vías de acceso al diálogo que se requiere en toda democracia para gestionar y solucionar los conflictos. Tercero, al estar en un entorno de juego social y político, y desconocer las intenciones de los actores, se da cabida al sentimiento de incertidumbre al no saber cómo una noticia falsa puede llegar a transformar la realidad política en un momento determinado.

Teniendo presente los puntos anteriores, se debe priorizar la importancia de la educación digital para combatir cualquier mecanismo de desinformación o pánico que se genere. Es necesario buscar la veracidad dentro de la sobreinformación que nos llega minuto por minuto, estudiar y analizar la forma en la que opera este fenómeno de las fake news en la realidad política, pues, contrario a desaparecer, está tomando más fuerza y cada vez incide más en la toma de decisiones del ciudadano. Antes de replicar o maximizar su difusión, analicemos su procedencia, su veracidad, pues esta información recorre las redes sociales y demás medios de comunicación y se difunde con gran velocidad- constituyendo un riesgo para la democracia y conduce a la generación de conflicto, miedo, y fragmentación social.

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